Desde Fundación Aldaba, ejercemos la tutela como forma de proteger el bienestar y la autonomía de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad debido a su edad, a la enfermedad o a la discapacidad.

Ellos son los protagonistas de nuestro trabajo

Nací en Valdepeñas, pero vine a Madrid cuando tenía 24 años, porque no tenía trabajo en mi pueblo, entonces me vine a trabajar aquí a Madrid. Trabajaba de modista, hacía vestidos, pero también arreglos y cosas de esas. Sabía coser, pero ahora ya no sé nada. Luego ya me puse a estudiar y estudié idiomas: inglés y francés.

«Luego fui subgobernanta de hotel en el hotel Meliá Madrid, que está en frente del Corte Inglés, en Argüelles. Trabajé 35 años en el hotel. Vivía en la cuesta de San Vicente, en Principe Pío.

Soy soltera, y mi casa era pequeñita. Me gustaba el trabajo, conocí a mucha gente y era muy cansado.

“How do you do? Pleased to meet you. Comment allez vous? Très bien, monsieur”.

Me gusta hacer sopas de letras. Las hago todos los días».

Vicenta, usuaria del programa de tutela.

En tutela, trabajas con la vida entera de las personas, intervienes en todas las áreas: la salud, el ocio..., incluso simplemente darles cariño.

«En otros trabajos, trabajas un área y solo ves eso. Aquí, trabajas de forma integral con ellas y ves una gran evolución. Mejoran las condiciones de su casa, mejoran sus cuidados, ves que su salud mejora, se estabiliza, está controlada, incluso su aspecto mejora. Muchas veces trabajamos con personas que cuando llegan a ser tuteladas su aspecto está muy deteriorado, pesan muy poco, no llevan la ropa adecuada, tienen el cabello descuidado. Y al final ves una señora bien cuidada, con buen aspecto, feliz…

Llevar una persona de 80 años a la playa y que no ha visto la playa en su vida y ver su cara, ver su ilusión, es algo increíble. Tú vas a la playa cada año y no lo valoras, pero para esta persona es la única vez que lo ha podido hacer.

Lo más difícil es que cada vez hay menos recursos y cada vez se necesitan más. Nuestra sociedad está cada vez más envejecida, y no hay recursos para ello».

Beatriz, trabajadora social de tutela.

Desde que nos hemos levantado, andar, andar y andar. Creo que no he desayunado, pero no me acuerdo. Me gusta comer, ¡de todo!

Conchita, usuaria del programa de tutela.

Trabajé en una fábrica de filtros. Me tiré 36 años allá. Estaba en Águeda Díez y luego nos trasladamos a la calle Algorta, en Carabanchel. Yo soy de Carabanchel de toda la vida. Ahora estoy en una residencia también en Carabanchel.

«Por aquí no vengo más que a hacer las comidas. Soy el rey de la fiesta en mi residencia. Somos 200 y pico. Aquí nos vemos para jugar todos.

Me gusta el fútbol, pero no soy de ningún equipo. Me gustan todos los equipos. Yo quiero que gane el que juega en su casa».

Ezequiel, usuario del programa de tutela.

Todos nos vamos a hacer mayores, y seguramente nos quedaremos solos. No lo ves a la larga, porque tienes 40 años y no piensas en ello, a nadie nos gusta pensar en ello. La verdad es que no siempre vas a estar rodeado de tus padres y tus amigos, tu casa y tu coche, serás ágil para ir y venir. Todo eso se acaba en algún momento.

«Es difícil verlo, pero también muy gratificante, cada vez que piensas “hoy ha salido, hoy ha pasado un buen día, hoy hemos hablado un buen rato”. Estar con ellos, acompañarlos, saber que les ayudas.

Como administrativa, me dedico a la parte más conocida de la tutela. Llevo sus cuentas bancarias. Si viven en residencia y tienen una vivienda, me ocupo de que esté alquilada, que el alquiler se esté pagando, que esté al corriente de los suministros, que se pague el IBI, las declaraciones de la renta, que reciben bien su pensión, que no le han hecho algún cargo que no deberían etc. Y luego todo eso al año se le entrega al juez y él lo aprueba.

También doy apoyo a la trabajadora social y a la abogada, si tenemos que ir a ver a alguien al hospital, llevarlo a algún sitio. Realizamos todo tipo de actividades y salidas: fuimos a Xanadú, al acuario, fuimos a Aranjuez, al cine…».

Dulce, administrativa de tutela.

Me gusta el deporte. El fútbol y las motos. Al principio no quería jugar, pero he ganado. He sacado un 6. ¡Y no hago trampas!

Luis, usuario del programa de tutela.

Estudié industriales en la Castellana. Eran cinco años, pero yo terminé en seis años. Me examiné, hice oposición dos veces para entrar en Televisión Española. En la casa de la radio, en Prado del Rey, hice un curso de informática y en el CEEMAT terminé un curso.

«Conocía a alguna gente del telediario de Josep Mira. Cuando a Camilo José Cela le dieron el nobel vino al plató. Josep Mira tenía un jersey rojo y se afeitaba en la puerta de Torrespaña.

No he conocido a ningún presidente del gobierno, pero he conocido a Rubalcaba.

He estado en Noruega y en Francia. Fui con SAAS y con Iberia. En Noruega yo subí hasta un punto en el cual el agua del mar te subía a la cara. Yo me asomé y el agua del mar te subía a la cara. He visto un eclipse en Paris. He cogido el TGV y he comido mejillones para aburrir. La catedral de Reims, el aeropuerto Charles de Gaulle. Yo he estado en la iglesia de Notre Dame. He montado en el Baton Rouge.

Una chica catalana nos llevó en barco y en autobús en Noruega. Son casetas de madera. Hace mucho frío. En Noruega no se oscurece nunca. Todo el tiempo está de color naranja, nunca de noche».

José Antonio, usuario del programa de tutela.

Lo que más me gusta es el contacto directo y compartir el día a día con ellos. La sonrisa que se les pone cuando llegas, los abrazos que te dan... Por mucho que yo les dé, ellos no saben que me están dando mucho más a mí.

«Yo creo que el corazón es infinito, y todos ellos tienen un trocito de mí. Les terminas queriendo, y muchísimo. No recuerdo en qué momento tomé la decisión de trabajar en Fundación Aldaba, pero la verdad es que es una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida».

Flor, auxiliar tutelar.

Eso es un zoom, ¿verdad? Me gustan las fotografías. A mi hermano le gustaba mucho hacer fotos. Cuando falleció, guardé todas sus fotos. Por lo menos 500. Eran fotos de aquí de Madrid, de la puerta de Toledo, de los monumentos, cogidas por un lado, cogidas por otro... A mí también me gustaba hacer fotos, pero yo no soy tan buena como él.

Charo, usuaria del programa de tutela.

Estamos viendo una película de vaqueros, son las que más me gustan. ``Una dama entre vaqueros``, con James Stewart. Un día fuimos a la oficina de Fundación Aldaba y miramos por Internet mi actor favorito: Imanol Arias. También miramos si Manuel Bandera era familia de Antonio Banderas, pero no son familia.

David, usuario del programa de tutela.

Es un trabajo arduo y estresante, de muchas horas y mucha responsabilidad. A veces tenemos que decidir si una persona es conveniente que se opere o no se opere, si hay que darle un tratamiento paliativo o no. Son situaciones duras cuando cualquiera de nosotros las hemos vivido con un familiar directo.

«Lo más difícil es la carga emocional que llevas. El colectivo mayor que tenemos son personas mayores, y al final vas acumulando muchos fallecimientos. Hay personas que han estado conmigo diez años. Diez años son muchos años, al final tienes una relación muy particular, porque realmente les conoces a todos, hacemos vacaciones con ellos, hacemos actividades con ellos… Al final tienes que trabajar mucho la pérdida, porque continuamente vas perdiendo gente en el camino.

Como coordinadora de tutela soy responsable de todos los programas. Soy responsable del área legal, que llevo de forma directa como abogada y también coordino el trabajo de todo el equipo. Somos un equipo pequeño, y también hago visitas médicas, acompañamientos en domicilio… también porque creo que para hacer bien nuestro trabajo es necesario conocer a los usuarios y su situación».

Paloma, coordinadora de tutela.

Nos van a llevar de vacaciones a la playa, pero son muy pocos días. Es una semana. ¡Yo quiero ir por lo menos un año!

«Pero yo no me baño. No es que me de miedo, pero… por si acaso.

En la residencia tengo un novio. Se llama Pascual, igual que la leche. ¡Y es la leche! Pero yo con él no quiero ir, porque hago el ridículo. Es muy feo, muy destartalao».

Soledad, usuaria del programa de tutela.

Con algunos de ellos, tengo que empezar todos los días de cero. Todo lo que has hablado con ellos, al día siguiente tienes que volver a empezar, porque se les ha olvidado.

«Es como el día de la marmota: pasa un día, yo he hablado con ellos, sé cómo van, y al día siguiente vengo con los deberes hechos. Ellos no, ellos empiezan de cero. Me gusta porque al final, vas como de listillo. Hay gente que ya les cuento cosas de su pueblo, de su vida, lo que sé que han hecho y dicen, ¡hombre! ¿y esto? Yo siempre les digo que son cosas de la vida, casualidades. Hay alguno que siempre le hablo de su pueblo y me dice: ¡Anda! ¿Tú conoces ese pueblo? Y me lo ha dicho él. Hablo siempre con él de ese tema, y somos tan amigos.

A mí me gusta verlo por el lado positivo. Aprendo mucho de ellos. Cosas de la vida, cómo te lleva la vida y cómo tratarla».

Antonio, auxiliar tutelar.

Las personas tuteladas son aquellas que no pueden valerse por sí mismas. Un juez determina qué apoyos necesita y dictamina quién se hará cargo ella. El tutor puede ser un familiar o allegado, sin embargo, algunas personas no tienen a nadie que asuma esta responsabilidad. En estos casos, fundaciones sin ánimo de lucro, como Fundación Aldaba, pueden asumir este papel.

Desde Aldaba, trabajamos la acción tutelar como forma de defender la autonomía de la persona, protegerla de la soledad y cuidar de su bienestar.

Este proyecto se puede desarrollar gracias a la colaboración de la Fundación Montemadrid y Bankia, además de otros donantes públicos y privados.