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Desde Fundación Aldaba, ejercemos la tutela como forma de proteger el bienestar y la autonomía de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad debido a su edad, a la enfermedad o a la discapacidad. Gracias a ti, hacemos posible este acompañamiento.

Conoce a los protagonistas de Aldaba Contigo

«Antes del programa de tutela de Aldaba, me sentía como un cero a la izquierda. Ahora, se han convertido en parte de mi familia».

Los voluntarios de Fundación Aldaba acompañan a Ramón para que pueda superar los retos que se le presentan en el día a día, como administrar su dinero, hacer la compra y tomar correctamente la medicación.

Ramón, usuario de los programas de tutela de la Fundación Aldaba.

``Lo que más me gusta de ser voluntario en Aldaba es ayudar a mejorar la calidad de vida de otras personas``

Los voluntarios son el alma de la Fundación Aldaba, quienes hacen posibles los programas de tutela gracias a tu colaboración.

En tutela, trabajas con la vida entera de las personas, intervienes en todas las áreas: la salud, el ocio..., incluso simplemente darles cariño.

«En otros trabajos, trabajas un área y solo ves eso. Aquí, trabajas de forma integral con ellas y ves una gran evolución. Mejoran las condiciones de su casa, mejoran sus cuidados, ves que su salud mejora, se estabiliza, está controlada, incluso su aspecto mejora. Muchas veces trabajamos con personas que cuando llegan a ser tuteladas su aspecto está muy deteriorado, pesan muy poco, no llevan la ropa adecuada, tienen el cabello descuidado. Y al final ves una señora bien cuidada, con buen aspecto, feliz…

Lo más difícil es que cada vez hay menos recursos y cada vez se necesitan más. Nuestra sociedad está cada vez más envejecida, y no hay recursos para ello».

Beatriz, trabajadora social de tutela.

Todos nos vamos a hacer mayores, y seguramente nos quedaremos solos. En Aldaba creemos que existen opciones, y por eso acompañamos directamente en domicilios, para que las personas mayores puedan seguir realizando sus actividades cotidianas.

Tu donación hace posibles los programas de tutela en domicilios.

Lo que más me gusta es el contacto directo y compartir el día a día con ellos. La sonrisa que se les pone cuando llegas, los abrazos que te dan... Por mucho que yo les dé, ellos no saben que me están dando mucho más a mí.

«Yo creo que el corazón es infinito, y todos ellos tienen un trocito de mí. Les terminas queriendo, y muchísimo. No recuerdo en qué momento tomé la decisión de trabajar en Fundación Aldaba, pero la verdad es que es una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida».

Flor, auxiliar tutelar.

Nuestros mayores, nunca solos. En Fundación Aldaba administramos pisos tutelados para personas que deciden vivir acompañadas.

Con tu donación, haces posible nuestro trabajo.

Es un trabajo arduo y estresante, de muchas horas y mucha responsabilidad. A veces tenemos que decidir si una persona es conveniente que se opere o no se opere, si hay que darle un tratamiento paliativo o no. Son situaciones duras cuando cualquiera de nosotros las hemos vivido con un familiar directo.

«Lo más difícil es la carga emocional que llevas. El colectivo mayor que tenemos son personas mayores, y al final vas acumulando muchos fallecimientos. Hay personas que han estado conmigo diez años. Diez años son muchos años, al final tienes una relación muy particular, porque realmente les conoces a todos, hacemos vacaciones con ellos, hacemos actividades con ellos… Al final tienes que trabajar mucho la pérdida, porque continuamente vas perdiendo gente en el camino.

Como coordinadora de tutela soy responsable de todos los programas. Soy responsable del área legal, que llevo de forma directa como abogada y también coordino el trabajo de todo el equipo. Somos un equipo pequeño, y también hago visitas médicas, acompañamientos en domicilio… también porque creo que para hacer bien nuestro trabajo es necesario conocer a los usuarios y su situación».

Paloma, coordinadora de tutela.

Con algunos de ellos, tengo que empezar todos los días de cero. Todo lo que has hablado con ellos, al día siguiente tienes que volver a empezar, porque se les ha olvidado.

«Es como el día de la marmota: pasa un día, yo he hablado con ellos, sé cómo van, y al día siguiente vengo con los deberes hechos. Ellos no, ellos empiezan de cero. Me gusta porque al final, vas como de listillo. Hay gente que ya les cuento cosas de su pueblo, de su vida, lo que sé que han hecho y dicen, ¡hombre! ¿y esto? Yo siempre les digo que son cosas de la vida, casualidades. Hay alguno que siempre le hablo de su pueblo y me dice: ¡Anda! ¿Tú conoces ese pueblo? Y me lo ha dicho él. Hablo siempre con él de ese tema, y somos tan amigos.

A mí me gusta verlo por el lado positivo. Aprendo mucho de ellos. Cosas de la vida, cómo te lleva la vida y cómo tratarla».

Antonio, auxiliar tutelar.

Las personas tuteladas son aquellas que no pueden valerse por sí mismas. Un juez determina qué apoyos necesita y dictamina quién se hará cargo ella. El tutor puede ser un familiar o allegado, sin embargo, algunas personas no tienen a nadie que asuma esta responsabilidad. En estos casos, fundaciones sin ánimo de lucro, como Fundación Aldaba, pueden asumir este papel.

Desde Aldaba, trabajamos la acción tutelar como forma de defender la autonomía de la persona, protegerla de la soledad y cuidar de su bienestar.

Este proyecto se puede desarrollar gracias a la colaboración de la Fundación Montemadrid y Bankia, además de otros donantes públicos y privados.